El otro lado de la Navidad No verás esto en una tarjeta de Navidad 25 de diciembre de 2018 Gary Wiley
El otro lado de la Navidad
El otro lado de la Navidad No verás esto en una tarjeta de Navidad 25 de diciembre de 2018 Gary Wiley
Blog de la Biblia
Apareció en el cielo una gran señal: una mujer envuelta en el sol como en un vestido, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en la cabeza. La mujer estaba encinta, y gritaba por los dolores del parto, por el sufrimiento de dar a luz.

Luego apareció en el cielo otra señal: un gran dragón rojo que tenía siete cabezas, diez cuernos y una corona en cada cabeza. Con la cola arrastró la tercera parte de las estrellas del cielo, y las lanzó sobre la tierra. El dragón se detuvo delante de la mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo tan pronto como naciera. Y la mujer dio a luz un hijo varón, el cual ha de gobernar a todas las naciones con cetro de hierro. Pero su hijo le fue quitado y llevado ante Dios y ante su trono; y la mujer huyó al desierto, donde Dios le había preparado un lugar para que allí le dieran de comer durante mil doscientos sesenta días. (Apocalipsis 12:1–6)

Nunca he visto una tarjeta de Navidad que haya tratado de representar la escena anterior. Parece más como una escena de «La pesadilla antes de Navidad». Nuestras imágenes de la historia de Navidad se basan en lo que vemos en las dramatizaciones, películas y tarjetas de Navidad. La escena podría describirse mejor con las siguientes palabras:

Noche de paz, noche de amor,
Todo duerme en derredor.
Entre los astros que esparcen su luz
Bella anunciando al niño Jesús.
Brilla la estrella de paz,
Brilla la estrella de paz.

Pero antes de acomodarnos y ser soñadores con nuestra guardería navideña desinfectada, es importante recordar lo que experimentaron los principales jugadores. Y lo que estaba pasando en el otro lado.

María y José: No es lo que planeaban

El embarazo de María fue una sorpresa para José, no por las razones que generalmente pensamos, sino porque descubrió que ella estaba embarazada antes de que se casaran, y que él no era el padre. Estaba bien dentro de sus derechos que él la expusiera como una «mujer infiel», y la gente del pueblo la habría apedreado. Sabemos que él era un hombre justo, y por su protección él consideró en secreto «divorciarse» de ella. El mensaje de un ángel lo convenció del origen divino del bebé y él llevó a María a su casa y mantuvo una relación casta con ella. María llevaba en su vientre al «Hijo del Dios altísimo… para que reine por siempre sobre el pueblo de Jacob» (Lucas 1:32, 33). Ella había dicho su «sí» a Dios, pero sin un conocimiento previo de todo lo que estaba por venir. Y luego, además de eso, el decreto de César Augusto los obligó a viajar aproximadamente 90 millas (145 kilómetros) de Nazaret a Belén, durante un período de alrededor de nueve días, y María estaba embarazada de más de ocho meses. No fue un buen hotel o la casa de familiares o amigos lo que los esperaba; en el mejor de los casos, era una cueva utilizada por animales que compartían su refugio con la Sagrada Familia.

Jesús, Dios hecho carne

El autor de himnos Carlos Wesley escribió:
Él dejó el trono de su Padre arriba,
Tan libre, tan infinita su gracia;
Se vació de todo menos de amor,
Y sangró por la indefensa raza de Adán.

Jesús, el eterno Hijo de Dios, Segunda Persona de la Santísima Trinidad, asumió la carne humana siendo concebido por el Espíritu Santo y nacido de la Virgen María. Dios se convirtió en infante indefenso, dependiente de la madre que le dio vida humana. El Creador del mundo yacía indefenso en el comedero de un animal, atado con ropas humildes para mantenerlo caliente.

Asustados por una luz brillante

Los pastores fueron los primeros en recibir la noticia del nacimiento que imaginamos en las tarjetas de Navidad, pero esas mismas tarjetas, que representan la noche pastoral con ángeles que cantan villancicos a los pastores humildes, se pierden la mayor parte del drama. Los pastores fueron despertados de su ligero sueño por la visión más aterradora que jamás habían visto. Olvida la imagen que tienes de ángeles rubios con alas de gasa flotando sobre los pastores. Lucas nos dice que estaban aterrorizados, cuando el ángel del Señor estaba delante de ellos. Imagina lo que harías si en medio de la noche te abordaran seres extraterrestres brillantes e iridiscentes. El ángel reconoció su terror y les dijo: «¡No tengan miedo!». ¡Más fácil decirlo que hacerlo!

Mensajeros celestes

Esto nos devuelve a la escena de Apocalipsis 12. Cuando se trata de la historia de Navidad, nos centramos en lo que fue observado por los humanos; nuestras tarjetas de Navidad han agregado algo de brillo a la historia original. Todo lo que Lucas registra en el capítulo 2 de su Evangelio es bastante crudo. Incluso ahora he intentado quitar algo del brillo de la tarjeta de Navidad. Detrás de lo visible había otro aspecto de la Natividad, que estaba oculto para los jugadores principales. Los ángeles, sin embargo, eran muy conscientes de ello. La batalla por los corazones y las almas de la humanidad, librada desde el Jardín del Edén y hasta el día de hoy, y que continuará hasta el fin de los tiempos, se intensificó a medida que se acercaba el nacimiento del bebé. Este bebé, concebido extraordinariamente, nacido humildemente, debía vivir y morir para la redención de todos aquellos que la Trinidad había creado a su propia imagen. El enemigo de Dios, un ángel caído, se abocó sacar su furia sobre esta creación especial de Dios al golpear su talón, con la esperanza de acabar con el hijo de María antes de que el hijo de María pudiera deshacerse de él.

Y ahora lo vemos, lo que no se podía ver con ojos humanos: «... el dragón se detuvo delante de la mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo tan pronto como naciera». ¿Qué sucedió? «Y la mujer dio a luz un hijo varón, el cual ha de gobernar a todas las naciones con cetro de hierro».

Descifrando la visión apocalíptica

Esta visión apocalíptica nos recuerda que el enemigo de Dios continuaría tratando de destruir al Hijo de Dios: desde Herodes y la masacre de los inocentes en Belén (Mateo 2) hasta la crucifixión misma (Mateo 27). Pero tenemos el privilegio de saber el final de la historia. El bebé gana. El dragón, mejor conocido como Satanás, el diablo, el acusador, la serpiente, pierde. El día de Navidad podemos cantar con Carlos Wesley:

Príncipe de Paz eterna,
¡Gloria a Ti, Señor Jesús!
Con tu vida y con tu muerte
nos ofreces vida y luz
Has tu majestad dejado,
a buscarnos te has dignado;
para darnos el vivir
en la cruz fuiste a morir.
Canta la celeste voz:
«¡En los cielos gloria a Dios!».

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Gary Wiley
Gary Wiley

Soy escritor y el coordinador de contenido en español para el programa de integración-bíblica de American Bible Society. Viví por muchos años en Lima, Perú, donde servía como pastor y misionero con mi familia. Durante los últimos 15 años viví en la ciudad de Nueva York, sirviendo como pastor. Recibí una Maestría de Divinidad del Seminario Teológico de Asbury en Wilmore, Kentucky. Ahora vivo en Collingswood, Nueva Jersey, con mi esposa, Charlotte. Tenemos tres hijos adultos y ocho nietos y somos parte de la parroquia de San Pedro.

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