Aprende la instrucción de tus padres Escucha a Dios en tu mamá y tu papá 31 de julio de 2018 Gary Wiley
Aprende la instrucción de tus padres
Aprende la instrucción de tus padres Escucha a Dios en tu mamá y tu papá 31 de julio de 2018 Gary Wiley
Blog de la Biblia

Agustín y Mónica

Al leer el título del blog, si eres padre o madre, tal vez dirías, «Sí, es cierto, que mi hijo o hija lo lea y me obedezca». Pero si eres adolescente, o estás en una etapa de la vida en la que todavía recibes consejos y observaciones de tus padres, es posible que quieras que desaparezca lo que voy a compartir.

En estas semanas he compartido lo que algunas personas de la historia han observado en cuanto a la Biblia. Nuevamente, regresamos a las páginas de la antigüedad para escuchar algo de Agustín. Agustín, generalmente conocido como san Agustín, nació en lo que ahora es Argelia, en el siglo IV, y por los primeros 30 años de su vida, vivió como le daba la gana, sin considerar el consejo de su madre, Mónica, ahora santa Mónica. Ella nunca dejó de hablarle, de orar por él, hasta seguirlo en los viajes que él realizaba tratando de escaparse de lo que su madre piadosa había sembrado en su vida.

Como adolescente, Agustín estaba avergonzado de ser considerado como «buen chico», por lo que ignoró el consejo de su madre. Muchos años después, se dio cuenta de que Dios le estaba hablando a través de sus advertencias.

La «confesión» de Agustín

    «¿De quién fueron esas palabras, Dios, pero las tuyas que vienen a mis oídos por mi madre, tu fiel sirviente? Ninguna de ellas se hundió en mi corazón para cambiar mi comportamiento.

 »Porque ella me dijo —recuerdo que me advirtió en privado, con gran preocupación— “No cometas fornicación, pero sobre todo, nunca contamines a la esposa de otro hombre.”

    »Pensé que estas eran solo palabras de mujeres, y me sonrojaría al obedecerlas. Pero fueron tus palabras, y yo no lo sabía. Pensé que estabas callando, y ella era la que estaba hablando. Pero no estabas en silencio: me estabas hablando a través de ella.

    »Así que corrí a ciegas. Entre mis compañeros estaba avergonzado de ser menos descarado cuando los oí alardear de sus vergonzosos actos —presumiendo aún más según la grandeza de su bajeza. Me complació hacerlo, no solo por el placer, sino por los elogios. ¿Hay algo más que vicio que sea digno de desaprobación? Sí, me hice peor de lo que era para evitar que me desaprobaran. Y cuando no había pecado tanto como los realmente disolutos, decía que había hecho lo que no había hecho, para no parecer más miserable por ser más inocente, o menos respetable por ser casto».

Nada ha cambiado

Parece increíble que Agustín vivió hace casi 1,600 años. Su confesión sigue vigente. Lo que su madre le ofreció de la Palabra de Dios tampoco está fuera de moda. Los padres tienen la misma responsabilidad, como Mónica; y los hijos van a tener que tomar una decisión, como Agustín. Lo que sabemos de sus confesiones es que un día se encontró con Dios y oyó su voz, a la edad de 31.

Hijo mío, atiende la instrucción de tu padre y no abandones la enseñanza de tu madre (Proverbios 1:8).
Hijos, atiendan a los consejos de su padre; pongan atención, para que adquieran buen juicio (Proverbios 4:1).
Hijos, obedezcan a sus padres como agrada al Señor, porque esto es justo (Efesios 6:1).
Gary Wiley
Gary Wiley

Soy escritor y coordinador de contenido en español para el programa de integración-bíblica de American Bible Society. Viví por muchos años en Lima, Perú, donde servía como pastor y misionero con mi familia. Después pasé 15 años en la ciudad de Nueva York, sirviendo como pastor. Recibí una Maestría de Divinidad del Seminario Teológico de Asbury en Wilmore, Kentucky. Ahora vivo en Merchantville, New Jersey, con mi esposa, Charlotte y tenemos 40 años de casado. Tenemos tres hijos adultos y nueve nietos y somos parte de la parroquia de San Pedro en Merchantville.

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