Tres cosas que Dios hace con el pecado ¡Es bueno y es cierto! 16 de octubre de 2018 Gary Wiley
Tres cosas que Dios hace con el pecado
Tres cosas que Dios hace con el pecado ¡Es bueno y es cierto! 16 de octubre de 2018 Gary Wiley
Blog de la Biblia

Con este artículo terminamos con nuestra serie «Los Salmos en tu vida».

Hay temas que no son muy populares, que no nos gusta tocar en conversaciones cotidianas. Generalmente la gente no habla de la muerte, excepto en el caso de que una persona conocida o famosa muera. No nos gusta hablar ni pensar en los impuestos hasta que por obligación tenemos que hacer nuestra declaración de impuestos antes del 15 de abril (en el caso de Estados Unidos). Benjamín Franklin dijo: «en este mundo nada puede decirse que sea cierto, excepto la muerte y los impuestos».

Hay otra cosa de la que tampoco nos gusta hablar —el pecado. Pero, como la muerte y los impuestos, es cierta. Desde el principio de la humanidad, con la desobediencia de Adán y Eva, ellos y todos sus descendientes hemos sido afligidos con la propensión de pecar. Se dice que los niños aprenden bien de sus padres, y si es cierto. Una de las pruebas más claras de eso es que reaccionamos de la misma manera que lo hicieron nuestros primeros padres cuando alguien, incluso Dios, nos señala el pecado: «La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto, y yo lo comí», «La serpiente me engañó, y por eso comí del fruto» (Génesis 3:12, 13).

A pesar de nuestras excusas Dios sabe la verdad y tiene todo el derecho de juzgarnos y castigarnos, sin pensarlo dos veces. Sin embargo, la gran noticia del evangelio que encontramos en la Biblia es que Dios nos ofrece una salida por medio de su Hijo Jesucristo, de no tener que vivir ahora y para siempre con las manchas y las eternas consecuencias de nuestra maldad. Para terminar nuestra serie en los Salmos, vamos a ver uno de los salmos más preciosos, Salmos 103.

Dios perdona todas nuestras maldades (Salmos 103:3).

Uno de los himnos más conocidos que cantamos es «Alcancé salvación». La tercera estrofa da testimonio de lo que el salmista indica en cuanto a nuestras maldades:

Feliz yo me siento al saber que Jesús,
Libróme de yugo opresor;
Quitó mi pecado, clavólo en la cruz:
Gloria demos al buen Salvador.

Dios no nos ha castigado como merecen nuestras maldades y pecados (Salmos 103:10).

Muchas de las parábolas que contó Jesús comunicaban esta verdad. En una de ellas, Jesús habla de un funcionario que debía muchos millones sin la habilidad de cancelar su deuda:

«Por esto, sucede con el reino de los cielos como con un rey que quiso hacer cuentas con sus funcionarios. Estaba comenzando a hacerlas cuando le presentaron a uno que le debía muchos millones. Como aquel funcionario no tenía con qué pagar, el rey ordenó que lo vendieran como esclavo, junto con su esposa, sus hijos y todo lo que tenía, para que quedara pagada la deuda. El funcionario se arrodilló delante del rey, y le rogó: “Tenga usted paciencia conmigo y se lo pagaré todo.” Y el rey tuvo compasión de él; así que le perdonó la deuda y lo puso en libertad» (Mateo 18:23–27).

Nuestros pecados ha alejado de nosotros, como ha alejado del oriente el occidente (Salmos 103:12).

Lo más increíble de todo es que una vez que el pecado es perdonado y quitado de nuestra hoja de antecedentes «penales», Dios lo aleja de nosotros y nunca lo presenta para juzgarnos, criticarnos o menospreciarnos. El salmista dice Dios ha alejado de nosotros nuestros pecados, como ha alejado del oriente el occidente. ¡Piénsalo! Si empiezas un viaje con rumbo al norte, llegarás al punto cuando el norte se convierte en el sur. En el polo norte, si sigues tu viaje, ya tienes rumbo al sur. Por otro lado, si empiezas un viaje al este, puedes viajar siempre dando vueltas por el círculo de la tierra sin tomar un rumbo al oeste. Así Dios trata nuestros pecados perdonados por medio de su Hijo que dio su vida en rescate de nosotros (Marcos 10:45).

¡Bendeciré al Señor!

Dios siempre está pendiente de nuestra vida y siempre extiende su misericordia para con nosotros. Si no has aprovechado ese gran regalo, no hay mejor momento que el presente para hacerlo. Con el salmista cantarás: «¡Bendeciré al Señor!».

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Gary Wiley
Gary Wiley

Soy escritor y el coordinador de contenido en español para el programa de integración-bíblica de American Bible Society. Viví por muchos años en Lima, Perú, donde servía como pastor y misionero con mi familia. Durante los últimos 15 años viví en la ciudad de Nueva York, sirviendo como pastor. Recibí una Maestría de Divinidad del Seminario Teológico de Asbury en Wilmore, Kentucky. Ahora vivo en Collingswood, Nueva Jersey, con mi esposa, Charlotte. Tenemos tres hijos adultos y ocho nietos y somos parte de la parroquia de San Pedro.

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